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Las cinco leyes que explican cómo evoluciona la tecnología


[blockquote style=”2″]Encontramos cinco leyes fundamentales que tratan precisamente de esto, establecer cada cuánto tiempo evoluciona la informática y la tecnología en sus diferentes ámbitos, así como las limitaciones en su desarrollo[/blockquote]

Estas son las cinco leyes que explican cómo evoluciona la tecnología

La tecnología evoluciona, no hay discusión al respecto. Sin embargo, protagonistas del sector a lo largo de la Historia han querido determinar, con leyes, cómo se produce esta evolución a lo largo del tiempo. Encontramos, en este sentido, cinco leyes fundamentales que tratan precisamente de esto, establecer cada cuánto tiempo evoluciona la informática y la tecnología en sus diferentes ámbitos, así como las limitaciones en su desarrollo.

Ley de Moore: La potencia de los chips

Es el caso de Gordon Moore, quien enunció la conocida Ley de Moore, que explica que “el número de transistores integrados en un chip se multiplica por dos en un plazo de dos años”, un ritmo de evolución que en los años 70s era aún más rápido, cada tan solo año y medio según el experto en la materia. Esta evolución enunciada por Gordon E. Moore se cumpliría, según sus predicciones, en el hardware que incorporan los ordenadores, los teléfonos inteligentes y tabletas, los wearables y todos los dispositivos que incorporan microprocesadores. Los últimos avances continúan confirmando esta afirmación, pero principalmente en la telefonía inteligente, donde firmas como Samsung, TSMC, Qualcomm, MediaTek y NVIDIA están aportando toda su capacidad y desarrollando sistemas más veloces y mejores procesos de fabricación. Sí, actualmente hablamos de tan solo 16 nanómetros.

Ley de Rock: El coste de fabricación de chips

Por otra parte, la Ley de Rock, en cuanto al coste de fabricación de estos microchips enuncia que “cada cuatro años el coste de las fábricas de chips se duplica”, lo que explicaría el fin de la rentabilidad de estos procesos de fabricación a largo plazo. Sin embargo, según el desarrollo de la tecnología y la informática a lo largo de todos estos años, y a nivel hardware, demuestra la equivocación del experto al respecto. Y de cara al consumidor, de hecho, hemos visto cómo fabricantes alternativos, de origen chino, han sabido reducir aún más el margen de beneficio y reducir los costes de fabricación, como es el caso de MediaTek, uno de los protagonistas en la telefonía inteligente low cost que está tomando cada vez mayor presencia en terminales occidentales..

Ley de Wirth o Ley de Page: La relación software – hardware

Interesante es también la Ley de Page, enunciada por el directivo de Google Sergey Brin y, por otro lado, derivada de la Ley de Wirth de la cual parte. La mano derecha de Larry Page, ex CEO de Google y actual CEO de Alphabet, explicó con esta ley que “el software se vuelve más lento a un ritmo mayor que el hardware se hace más rápido”. De esta forma, se explica que dispositivos más modernos, y con software actual, funcionen igual de rápido que equipos obsoletos con el software que incorporaban desde sus inicios. También, claro está, justifica que esos aparatos más antiguos funcionen de forma incorrecta con el software más moderno. El problema, explicó Sergey Brin, es que cada vez se optimiza menos el código, y es más pesado de procesar para el hardware, aunque este último sea cada vez más avanzado.

Ley de Machrone: El precio de la nueva tecnología

La cuarta ley que deberíamos tener en cuenta es la Ley de Machrone. Según esta cuarta ley sabemos que “el próximo dispositivo que nos querremos comprar tendrá siempre el mismo precio”. De esta forma, asegura, el precio de las gamas es invariable, a pesar de que los productos cambien y su hardware y software no sea el mismo. Es decir, que si nos mantenemos en la gama alta volveremos a pagar, años después, exactamente lo mismo, aunque disfrutaremos de tecnología más avanzada. ¿Se cumple? En este caso entramos en términos económicos, y el precio viene marcado por la demanda, la presión de la competencia y su iniciativa, y otros factores que, en realidad, sí parecen variables en mayor medida con respecto a los aspectos anteriormente tratados por las leyes que ya hemos citado.

Ley de Metcalfe: El valor de las redes de comunicaciones

Hay una quinta ley, y es la Ley de Metcalfe, realmente interesante y aplicable a diferentes ámbitos. Esta ley apunta a que “el valor económico de una red de comunicaciones crece proporcionalmente según el cuadrado del número de usuarios”. Y por red de comunicación podemos entender las telecomunicaciones como soporte para el intercambio de información, o incluso las aplicaciones de mensajería instantánea y las redes sociales, donde la regla parece que se cumple con servicios como WhatsApp, Facebook y otros similares. Según esta teoría, no hablaríamos tan solo de valor económico, sino también de otros aspectos como el valor social, que también es cuantificable en la medida en que genera dependencias a los usuarios.

Pero, ¿tienen algún sentido estas leyes?

[blockquote style=”4″]No son sino una forma de tratar de explicar y medir de forma universal el desarrollo y la evolución de la tecnología que, desde que fueran enunciadas cada una de estas leyes, ha ido demostrando que no siempre se cumple la norma. Efectivamente, es un intento de encerrar brevemente, como explicación, este avance. No, no se cumple, pero sí sirven como pauta para comprender cómo la informática, la tecnología y sus entresijos siguen creciendo de forma constante, a ritmos variables.[/blockquote]

Aún en nuestros días, estas leyes siguen siendo una forma de explicar ciertos cambios en el sector tecnológico, y precisamente por ello hace tan solo unos años Sergey Brin, cofundador de la compañía de Mountain ViewGoogle- reutilizó las bases de la Ley de Wirth para desarrollar su propia norma, ligeramente modificada con respecto a la original. Luego entonces, tienen cierta validez en la tecnología de nuestros días, y ayudan a comprender mejor los saltos evolutivos, pero a fin de cuentas no dejan de ser eso, saltos evolutivos que no siguen una suave línea de evolución que podamos explicar con una breve teoría que se cumpla durante quizá diez o veinte años, pero difícilmente sobrevivirán durante más tiempo sin sufrir alteraciones, como la Ley de Wirth retocada por Sergey Brin.

 


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