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Perderse por Santillana del Mar (Parte 1)


[blockquote style=”4″]A treinta kilómetros de Santander, en la costa occidental cántabra, encontramos uno de los grandes tesoros culturales del norte de la Península Ibérica, Santillana del Mar.

El paso de los años no ha hecho mella en esta villa, sobre todo si tenemos en cuenta que aún se conserva el legado dejado por los hombres que la ocuparon hace más de 15.000 años, y que ha ido acumulando riqueza cultural y artística gracias a la excelente conservación de su colegiata, casonas y palacios.[/blockquote]

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No podemos conformarnos únicamente en esto, porque Santillana del Mar es mucho más. Es un paisaje envolvente que nos permite evadirnos disfrutando de su entorno y sus gentes.

Historia y actualidad en Santillana del Mar

Se puede decir que no se ha estancado y que ha sabido conjugar a la perfección esta conservación de lo clásico con toques de modernidad para afrontar el futuro turístico de la mejor manera posible. También resulta curioso que se le considere como la villa de las tres mentiras. Y es posible que muchos de los miles de visitantes que recibe todos los años no se hayan percatado de que Santillana no es ni santa, ni llana ni posee mar. Algo llamativo.

Hay que decir, para los más vaguetes, que el conjunto históricoartístico de este municipio solo se puede visitar andando, así que ya podemos olvidarnos del coche. Y es que al margen de la época del año, cualquier día del año es bueno para acercarse hasta aquí y disfrutar de estas maravillas que nos ofrece la arquitectura de estos años. Ya sea con sol o con esos días de fina lluvia, el recorrido no nos dejará indiferentes.

Rebuscando un poco, hay una definición que me llamó la atención y que ‘compró’ sin pensármelo dos veces. Santillana es un “museo vivo de una villa medieval”. Toda ella gira en torno a la colegiata de Santa Juliana. Es solo uno más de los innumerables atractivos del municipio.

Visitas fundamentales en Santillana del Mar

Colegiata de Santa Juliana:

Lo que hoy conocemos no deja de ser una expansión del antiguo monasterio, que data del siglo XII. Fue llevado a cabo por un grupo de monjes con intención de repoblar el pueblo y de crear una ermita para exponer las reliquias de la mártir Juliana. Como curiosidad podemos decir que por aquella época la villa tomó el nombre del monasterio ‘Santa Iuliana’, que desembocaría en lo que hoy se conoce como Santillana.

[blockquote style=”2″]El paso de los años demuestra aún que se trataba de una edificación sencilla muy parecida a otras que habían levantado por aquel entonces los mozárabes. [/blockquote]

Destaca la iglesia, de estilo románico con toques de corrientes del sur, muy influenciados a raíz del paso del Camino de Santiago por Palencia y Burgos. Se encuentra orientada hacia el sur, mientras que al norte se halla el claustro, donde abundan los elementos decorativos propios de la época y los arcos sobre dobles columnas y pilares de cuatro columnas.

En la fachada principal encontramos un frontón triangular con imagen de la mártir, y en la parte superior una galería de quince arcos enmarcada por tres torres. Una de las obras maestras de este conjunto arquitectónico es el claustro citado anteriormente, sobre todo por la decoración de sus capiteles y talla.

Monumentos de Santillana:

[blockquote style=”2″]La evolución urbanística y artística del municipio se remonta a la Edad Media. La construcción de la abadía de Santa Juliana, en el siglo IX, convirtió a la villa en una capital religiosa y económica, que se incrementaría con la colegiata. [/blockquote]

De esta época las edificaciones más notables y de estilo gótico son las torres del Merino, Don Borja, los Velarde y la Casa de Leonor de la Vega. Los tintes religiosos que siempre caracterizaron a la villa se consolidan con el paso de los años, y más durante el barroco. Los dominicos se ven obligados a instalarse a las afueras de la villa ante la negativa de los canónigos de la Colegiata de Santa Juliana.

Por eso construyeron el convento de Regina Coeli, que en la actualidad acoge el Museo Diocesano de Santander. La llegada de capitales procedente de América sirve de espaldarazo a Santillana, que encuentra aquí una opción de crecimiento gracias a la masiva construcción de palacios y casonas. Otras edificaciones que aún perduran con la Casa de los Barreda-Braño, hoy Parador Nacional, la Casa de Valdivieso o la Casa Consistorial.

Las Cuevas de Altamira

A escasos dos kilómetros de Santillana encontramos uno de los grandes tesoros artísticos de Cantabria y del norte de España, las cuevas de Altamira. En otro artículo detallaremos más sus atractivos, pero debemos de reconocer sus valores que le han llevado a ser declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Fue descubierta en 1879 por Marcelino Sanz de Sautola y en esta cueva de unos 300 metros de longitud se conservan 150 grabados de la época del paleolítico. Son famosos sus pinturas y grabados sobre todo de bisontes, que convirtieron a la cueva en uno de los referentes artísticos de la prehistoria europea.  En 1985, además, fue inscrita en la lista de Patrimonio Mundial gracias a la importancia y conservación de sus grabados.

Cuando visitemos el museo nos encontraremos con la exposición permanente ‘Los tiempos de Altamira’ y la Neocueva, que nos reproduce la cueva tal y como era hace 14.000 años.

La sala permanente se enfoca a la vida, arte y técnicas empleadas por los recolectores que vivieron en Europa durante el Paleolítico Superior. Hablamos de más de 400 piezas únicas, procedentes del propio museo y de otros estatales.

[blockquote style=”2″]Una visión de cómo era la cueva de Altamira durante el Paleolítico es lo que nos ofrece la Neocueva, donde en su interior se nos muestra cómo vivían sus habitantes. Antes de llegar al gran techo pintado que tanto caracteriza a la cueva, observaremos los restos de un oso cavernario que falleció hace milenios durante la hibernación.[/blockquote]

La imagen que identifica a la cueva de Altamira son los bisontes. Las grietas y relieves naturales le permitieron diseñar las figuras de animales en sus diferentes posturas y estados, identificándolos con sus rasgos más característicos.


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